Por Paulo Hermoza.
Durante los próximos 50 años el 80% de la población mundial tenderá a vivir en las ciudades. Durante ese tiempo, las bocas hambrientas aumentaran en 3 billones de personas, y si bien existen megaproyectos que piensan en como alojar, equipar entretener y contener personas, existe uno que escapa debido a su magnitud.
El contener y producir alimento y su función, como la disfunción del uso de la extensión agrícola.
Ya que en superficie, se necesitaran más de 109 hectáreas para cultivos, (cerca de un 20% más que la superficie de Brasil), actualmente, cerca del 80% de la tierra históricamente cultivable, esta en uso, y perderemos por la expansión urbana cerca del 15% de ella en el mismo período.
¿Existe esta arquitectura agrícola preparada para tal expansión?
El concepto de la agricultura en interiores no es nuevo, pero no ha sido, totalmente acogido por la arquitectura, pareciese ser que el miedo al fin del mundo agrícola nos ha centrado en discutir la expansión urbana, de cómo se relaciona con la ciudad, o que protege la visión nostálgica del mundo rural, de como los campos que vimos cultivar cuando pequeños, ya no existen. Pero como seria ¿si esa delgada línea entre lo urbano y lo rural, ya se hubiese extinto?, vivimos acaso engañados por una fantasía, donde creemos que todavía existe tal mundo agrícola, cuando en realidad lo que existe es agricultura urbana en extensión, (podemos citar el riego tecnificado, la agricultura genética, y el control solar, como ejemplos de esta urbanidad rural).




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